Esta semana he dejado pasar el lunes puesto que no había publicado en redes sociales el maravilloso evento del día 22 de marzo. Vuelvo a daros las gracias a todos los que me acompañasteis durante la presentación de mi primer libro y a los que mostrasteis vuestro cariño de diversas maneras. Sois maravillosos, sin vosotros nada de esto sería posible. Es debo mucho, muchísimo. De ahí que os reitere a todos de nuevo mi agradecimiento. Sois muy grandes.
Precisamente durante la presentación me preguntaron cómo había surgido el germen de El Guardián entre los mundos. Lo cierto es que nació precisamente en el mismo sitio en el que arranca la novela: en el interior de un metro. Como siempre, yo iba leyendo y de pronto levanté la cabeza y me di cuenta que no era la única que lo hacía (siempre me produce un placer especial cuando alguien viaja con un compañero). Fue en ese momento cuando pensé qué se le pasaría por la cabeza a una persona que se deja olvidado su libro en el transporte público.
La chispa acababa de prender. De pronto, imaginé a una chica joven sentada y aburrida, un libro y a un chico que leía un libro y lo perdía. Todo nació así, como un rayo. No es la primera vez que me ocurre y me gustaría compartir con vosotros otras experiencias. No es que la Musa te susurre, o al menos, no exactamente. Es como si la luz apareciera, como si de pronto lo llenase todo. Es una sensación fantástica y al menos, que recuerde en este instante, me ha pasado dos veces más.

